La tarde se presentaba gris plomiza, pero aun así nos decidimos a salir, teníamos mucha ilusión algunos por volver a la cima d Torreárboles y la ocasión llegó.
Por el camino estuvimos hablando de cómo era la ruta, sobre todo para las personas nuevas que venían. Caminaban muy ilusionadas hasta que en un recodo del camino la arboleda dejó ver esa maravillosa loma por su cara oeste, ya empezaron las dudas, que si por aquí, que si por allá, que los convencimos para seguir. Por esos entonces comenzó una fina llovizna, muy poca, que algunos se plantearon dar la vuelta e irnos a tomar un café; pero el rutero dijo No, y se siguió.
Llegamos a la primera etapa de la subida y empezaron las “avispillas” a picar, continuamos, haciendo oídos sordos a las acusaciones que vertían sobre el organizador de la ruta.
Llegamos a la segunda etapa y ya se formo un silencio sepulcral, solo se oían lamentos como en una serie de zombis, gruñidos y respiraciones, algun@s decían que habían podido oír su corazón saliéndose de su pecho, pero nada. Llegamos a la cima, no sin haber sufrido un poco, que es lo que Yo digo, si no sales para sufrir un poco te quedas en casa. Y bla, bla, bla, bla, bla, bla; la lluvia era persistente decidimos después del avituallamiento continuar.
La bajada tenía su riesgo, las piedras húmedas se resbalaban y había que tener cuidado. Una vez en la pista la cosa fue mejor hasta la pequeña cuesta del final que se nos atrancó algun@s. llegamos al sendero de vuelta y maravilloso, deja de caer esa fina lluvia que nos había calado, con chubasquero incluido, hasta los huesos, decían, exagerados.
Por fin llegamos a los coches, comentamos la ruta y despedirnos hasta la próxima. SALUD Y DEPORTE,
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